Cuando tenía ocho años recibió el diagnóstico de autismo. Para su mamá, Rosana Bone, comenzó entonces un camino lleno de incertidumbres, desafíos y aprendizajes. Hoy, mientras se prepara para celebrar sus 15 años este 9 de junio, Katriel se convirtió en un ejemplo de superación y en el motor de una lucha por una inclusión real para todas las personas con TEA.
Lo que para muchas familias puede parecer una noticia difícil de asimilar, para Rosana Bone significó el inicio de una transformación profunda. Hace siete años, cuando su hijo Leandrino Katriel tenía apenas ocho años, llegó el diagnóstico que cambiaría sus vidas para siempre: Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Hasta ese momento, la palabra autismo era completamente desconocida para ellos.
«Nunca habíamos escuchado hablar de autismo. Era algo nuevo para toda la familia. Cuando recibimos el diagnóstico mi vida cambió totalmente», recuerda Rosana.
A partir de entonces tomó una decisión que marcaría su camino como madre, dejó su trabajo para dedicarse por completo a acompañar a su hijo. Comenzó a investigar, estudiar, buscar información y aprender todo lo posible sobre el autismo para brindarle las herramientas necesarias para desarrollarse.
La familia también inició un proceso de terapia para comprender la situación y aprender a acompañar a Katriel de la mejor manera posible.
«Empecé a buscar profesionales, a investigar y a entender qué significaba realmente el autismo. Quería hacer todo lo que estuviera a mi alcance para ayudarlo», cuenta.
Sin embargo, el amor y la voluntad muchas veces chocaron con una realidad que enfrentan numerosas familias del interior, la falta de profesionales especializados.
Uno de los mayores desafíos fue encontrar atención adecuada para Katriel.
«En San Pedro prácticamente no contamos con profesionales especializados y los que hay son privados. Gracias a Dios siempre tuvimos una obra social, pero igualmente tuvimos que viajar muchísimo. Durante años nos tocó ir a Posadas para que pudiera acceder a las terapias que necesitaba», relata.
Con esfuerzo, constancia y acompañamiento, Katriel fue avanzando. Hoy cuenta con un equipo interdisciplinario que trabaja junto a él y cursa el tercer año del nivel secundario.
Pero si hay una batalla que aún continúa, esa es la de la inclusión.
«Lo que más nos costó y todavía nos cuesta es la inclusión en la secundaria. En la primaria hay un solo docente, pero en la secundaria son muchos profesores y cambian todos los años. Muchas veces la falta de información dificulta las cosas», explica.
Para Rosana, el desconocimiento sigue siendo una de las principales barreras que enfrentan las personas con autismo.
«No puedo pretender que toda la sociedad entienda qué es el autismo si no hablamos de él, si no lo damos a conocer. Por eso es tan importante generar conciencia.»
Con la experiencia que le dieron los años, también aprendió a derribar conceptos erróneos. «Siempre digo que mi hijo no tiene autismo, él es autista. Es una condición que lo acompaña toda la vida.»
Un amor que se expresa de otra manera. Cuando habla de su hijo, la voz de Rosana se llena de orgullo y asegura que Katriel le enseñó cosas que jamás imaginó aprender.
«Mi hijo me demuestra todos los días que, con terapias, inclusión y mucho amor se puede salir adelante.»
Y aunque reconoce que muchas personas suelen asociar el afecto con abrazos, besos o palabras cariñosas, ella aprendió que el amor puede manifestarse de muchas formas.
«Él jamás me va a dar un beso, un abrazo o decirme ‘te quiero’. No demuestra el afecto de esa manera. Pero el otro día publicó un estado en sus redes sociales y, con sus palabras, me hizo saber lo importante que soy para él. Para mí eso fue inmenso.»
Mientras tanto, ella continúa haciendo lo que hizo desde el primer día abrazarlo, besarlo y recordarle constantemente cuánto lo ama.
«Yo sí soy esa mamá que lo abraza, que lo besa y que le dice todo el tiempo cuánto lo ama. Estoy orgullosa de él, de todo lo que logra y de todo lo que es capaz de conseguir cuando se propone algo.»
En cuanto a los amigos que siempre están, los logros recientes de Katriel, uno ocupa un lugar especial en el corazón de su familia.
Este año comenzó a practicar atletismo en el Instituto de Enseñanza Agropecuaria (IEA), una experiencia que representó un enorme paso en su desarrollo personal y social.
Sin embargo, Rosana destaca que detrás de muchos de esos avances también están quienes lo acompañan desde la infancia. Se trata de Emeterio Vázquez y Misael Laube, sus amigos desde el jardín de infantes.
«Ellos son fundamentales en muchos de sus logros. Siempre estuvieron a su lado, acompañándolo, entendiéndolo y haciéndolo sentir parte. Son amigos de verdad.»
Mientras Katriel se prepara para celebrar sus 15 años este próximo 9 de junio, continúa construyendo su propio camino con esfuerzo y determinación.
Como todo adolescente, también tiene sueños. Y hay uno que sobresale entre todos. Su gran anhelo es ingresar al Ejército Argentino. Un objetivo que persigue con entusiasmo y que refleja la fortaleza con la que enfrenta cada desafío de la vida.
La historia de Katriel también se transformó en la historia de una mamá que decidió convertir el dolor inicial en una causa colectiva.Hoy Rosana trabaja activamente para visibilizar la realidad de las personas con autismo y promover el cumplimiento de los derechos que ya están reconocidos por la ley.
«Mi sueño es que cada niño con autismo tenga una inclusión real, acceso a la salud y las mismas oportunidades que cualquier otro chico. Existe una ley nacional y la provincia está adherida. Hay derechos que deben cumplirse y todavía queda mucho por hacer.»
A pocos días de cumplir 15 años, Leandrino Katriel sigue enseñando a quienes lo rodean que las diferencias no son límites. Que el amor puede expresarse de maneras distintas. Que la inclusión transforma vidas. Y que detrás de cada pequeño logro hay una enorme historia de esfuerzo, acompañamiento y esperanza.
Una historia que comenzó con un diagnóstico, pero que hoy se escribe con valentía, sueños y un futuro lleno de posibilidades.

