PROMESAS DEVALUADAS

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A la larga, pasarán las turbulencias y bajará la fiebre del dólar a 40 pesos. Pero entonces habrá que hacer un recuento de daños que, se avizora, arrojará resultados desalentadores. Una devaluación de tal magnitud deja un puñado de ganadores y mayoría de perdedores, más pobreza y pérdida de poder adquisitivo.

La fiebre del dólar de los últimos días desnudó la fragilidad de un Gobierno empecinado en el mismo rumbo. Se ensayan diversas explicaciones para la feroz corrida cambiaria, pero la excusa de la pesada herencia muta en simple y sencilla mala praxis.

Cuesta entender cómo el mejor equipo expuso al Presidente a emitir un mensaje flojo, lleno de vaguedades e inexactitudes para “calmar a los mercados”.

Al hablar de un “nuevo acuerdo”, Macri no hizo más que reconocer tácitamente, el fracaso del pacto anterior. Los “mercados”, tan sensibles a la honestidad, salieron disparados a comprar dólares a sabiendas que el Presidente admitía como muy probable que el año que viene no pueda cumplir con los compromisos (de deuda) asumidos.

Los mercados no son claro, personas de la calle, desesperadas por un verde. Quienes salieron en malón a comprar billetes fueron los bancos y los grandes empresarios que habían apostado a Lebacs y que decidieron salirse. Es decir, los principales beneficiados por el modelo financiero que se impone como plan económico.

Los errores no forzados no se reducen al mensaje, como pretendió Rogelio Frigerio, sino a la gestión. La acumulación de vencimientos y la abultada emisión de deuda de corto plazo terminaron como iban a terminar: en un explosivo combo que expuso todas las debilidades del modelo. Pero no pueden siquiera aducir que no fueron avisados. También se devaluó la palabra presidencial.

La vulnerabilidad expuesta por Mauricio Macri quedó en evidencia apenas comenzado su mensaje: pedir un nuevo auxilio del Fondo Monetario Internacional conlleva reconocer el incumplimiento de las metas aceptadas hace menos de tres meses. Fue el 7 de junio cuando se firmó el acuerdo por 50 mil millones de dólares, con condiciones que, se anticipaba entonces, eran duras. Lo serán mucho más ahora. El buen FMI concedió una revisión del plan económico del mediante “políticas monetarias y fiscales más fuertes”. El organismo que conduce Christine Lagarde también dejó claro que no hay generosidad sin condiciones: no hay nuevo acuerdo sellado, solo la intención de rediscutirlo.

Es probable que el FMI “ayude” al Gobierno. Pero no debe verse allí un gesto de altruismo, sino la necesidad de no quedarse atado a un nuevo fracaso. ¿Qué condición ha cambiado para prometer ahora cumplir condiciones que serán más severas? Hasta ahora el Gobierno transfirió el costo del ajuste a las provincias y los sectores más vulnerables y con la devaluación licuó los ingresos de millones de argentinos, que hoy están más en la pobreza que hace una semana. Para mejorar ingresos, recién ahora se reactivarían retenciones y se aplicaría un remedio que podría agravar la enfermedad: suba de impuestos en medio de una fuerte recesión. Hasta el sojero aliado Gustavo Grobocopatel, admite que el modelo debería revisarse: “Da la impresión que el flujo de capitales debería tener algún tipo de regulación y se abrió demasiado rápido. Y las metas de inflación fueron un error”.

Sin embargo, el equipo presidencial insiste en que estamos condenados al éxito. “No estamos ante un fracaso económico”, prometió el elocuente Marcos Peña en medio de la corrida. El jefe de Gabinete reconoció que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para adelantar los desembolsos no está cerrado. Dijo que el jefe de Estado anunció “una intención” de trabajar en ese sentido.

El diputado nacional Luis Pastori prometió mejoras para el final del segundo semestre: “Estuve con Nicolás Dujovne la semana pasada. Ellos ven una estabilización hacia fin de año. Desactivar el pasivo financiero exige bajar el gasto”, relató el contador para justificar las medidas de ajuste.

Nótese que dice “ellos”. Son varios los radicales que ahora dicen “ellos”, como si el PRO no fuera socio.

“Estamos muy preocupados por la situación económica que atraviesa la Argentina. El Gobierno nacional debe hablar con franqueza a la gente y que sepa que se está trabajando para salir de esta situación económica”, reclamó el diputado Gustavo González, quien también espera resultados a fin del segundo semestre. El presidente del bloque de concejales de Cambiemos en Posadas, Pablo Velázquez fue más contundente: “El Gobierno nacional ha cometido muchos errores en el manejo de la economía”. ¿Hay distanciamiento? En otro universo ideológico, Ricardo Alfonsín pide que el Gobierno convoque a las otras fuerzas políticas para “salvar lo que queda” hasta 2019. El hijo del ex presidente también habla de ellos: “Gobierna el PRO, no gobierna la UCR”, critica.

El enojo radical obedece al ninguneo permanente dentro de la alianza. Este fin de semana, por caso, hubo varias cumbres para analizar la crisis. El radicalismo miró desde afuera.

El senador Humberto Schiavoni en una reunión realizada en Leandro N Alem, apenas reconoció algunos “errores propios”, pero adjudicó la corrida a “la situación de Turquía y Brasil”.

Pero ni Turquía ni Brasil explican la profundidad del drama argentino y cómo se inclinó la balanza. Desde diciembre de 2015 el peso se devaluó 165,22 por ciento. El dólar costaba 14,32 pesos. Hoy 40 en promedio.

La inflación en el mismo período fue de 115,83 por ciento. Por lo tanto, el dólar tuvo una depreciación real del 42,64 por ciento. ¿Qué pasa si se compara con los salarios? El índice de salarios tuvo un incremento interanual del 22,92 por ciento en relación a junio de 2017. El poder adquisitivo cayó 4,93 por ciento en los últimos doce meses sin contar el efecto traslación a precios de la corrida cambiaria. Pero si se analiza el salario desde diciembre de 2015, los trabajadores registrados perdieron un 15,21 por ciento de su poder adquisitivo. Ganan algunos, pierden casi todos.

Lo mismo sucede con las consecuencias de la corrida. Quienes la celebran argumentan que ahora se abrirá el mercado exportador y que caerán las importaciones o la fuga de divisas diaria por fronteras como la de Posadas con Encarnación. Pero admiten que todo esto se cumplirá solo si la devaluación no se traslada a los costos internos. Para eso, tiene que profundizarse la pérdida del poder adquisitivo.

Por ejemplo, se dará la paradoja de un mercado yerbatero fuerte por el valor de las exportaciones y productores mejor pagados por la mayor demanda de materia prima. Pero por estas horas, los tareferos están reclamando que se cumpla con el subsidio interzafra para poder parar la olla. El gobierno nacional, en su oleada de ajustes, ya anunció que no hay plata para tanto: el año pasado giró 67 millones de pesos. Ahora, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, comprometió apenas 18 millones.

Lo dicho, las decisiones se toman en el centro porteño, pero sus consecuencias se sienten en el terreno propio. El gobernador Hugo Passalacqua reunió este sábado a su gabinete económico para analizar la situación de los tareferos y ratificar que la Provincia hará lo que esté al alcance para contener las demandas sociales que son dejadas de lado por la Nación, especialmente con los sectores más vulnerables. En la reunión hubo un repaso de los últimos días y quedó flotando la idea cada vez más fuerte de que hay que “arreglarse con lo propio”. Los funcionarios insistieron en que el Instituto Nacional de la Yerba Mate también debería poner de su parte para ayudar al eslabón más débil de la cadena.

La crisis presupuestaria de las universidades también tiene su correlato en Misiones. La rectora Alicia Bohrein indicó que hay un atraso en las partidas de tres meses en promedio, lo que afecta la infraestructura y actualización de insumos necesarios para el funcionamiento. “A la larga, afecta la calidad educativa”, explicó. La mora alcanza a unos 26 millones de pesos. Como contrapartida, la Nación jura que se duplicó el aumento presupuestario. La discusión es falaz. Los recursos pierden contra la inflación y la actualización salarial está bastante por debajo. La crisis no es solo salarial ni presupuestaria. Bohrein advirtió que hay una mayor demanda estudiantil en comedores y albergues. Comida y vivienda. Nada menos.

En la Legislatura, el presidente del bloque renovador, Marcelo Rodríguez expresó su preocupación por el “tsunami” que implican la devaluación y sus consecuencias. Y, deslizó un dato que expone la gravedad del tema: “El tratamiento del Presupuesto provincial, con esta crisis, va a ser de forma. La gente se está movilizando, no tiene expectativa, está desilusionada por esta crisis que golpea a todos”, advirtió.

“La devaluación arrastró todo y no sabemos qué va a pasar mañana. Teníamos hasta la semana pasada un decrecimiento de la economía del 1 por ciento, ahora se dice que va a ser del 3 por ciento. Teníamos una inflación de 35, hoy se habla del 45. El pueblo argentino no tiene expectativas de la economía. ¿De qué presupuesto vamos a hablar con esta profunda crisis económica? El combustible será más caro el alimento, más caro. Se viene el desabastecimiento, porque hay especulación”, advirtió el legislador en una sesión en la que, en medio de las turbulencias, se votó por la ampliación de derechos.

El rol del Estado es una característica que distingue al gobierno provincial del nacional. A diferencia de la alianza nacional, la Renovación se sustenta en un rol activo del Estado para equilibrar las balanzas económicas y sociales. Los empresarios, muchas veces críticos del peso del Estado, perciben que puede ser un buen aliado en momentos de crisis. El presidente de la Confederación Económica de Misiones, Alejandro Haene, firmó ayer el pedido para que se extienda el programa Ahora Misiones a un día más por semana.

Es que el Ahora Misiones y sus variantes como el Ahora Pan, Ahora Gas y otras, promovieron ventas por más de 800 millones de pesos en el último año, una cifra nada despreciable en momentos en que el consumo está en retirada. El pedido de la CEM será analizado, pero las condiciones financieras son un obstáculo fuerte: 60 por ciento es la tasa de referencia del Banco Central, lo que expande los costos de las entidades financieras que participan.

No es el único respaldo del Estado a las empresas misioneras. El presidente de Emsa, Guillermo Aicheler presentó el nuevo cuadro tarifario después de los aumentos aplicados por la Nación. “Si aplicáramos todo el aumento de la Nación, muchas empresas cerrarían”, explicó, lapidario, el secretario de Energía, Sergio Lanziani. Por eso Passalacqua decidió volver a subsidiar el consumo de 80 grandes usuarios, que deberían pagar 45 por ciento más cara la energía que consumen en sus empresas, pero lo harán, en promedio, 25 por ciento más durante seis meses, el mismo porcentaje de aumento que sufrirán los usuarios de menos de 300 kw.

El empresario Martín Oria sorprendió con una queja: “Prometieron el Plan Belgrano y no llegó, no puede ser que el misionero pague el combustible más caro que el más rico de Buenos Aires. Cuando vino Macri a Misiones no sabía de qué hablábamos con el artículo 10 de la ley Pymes. No queremos subsidios, sino lo que es nuestro. Estamos cada vez peor y no es solo la luz cara, sino la energía que requiere Misiones“, argumentó.

Lanziani coincidió en que Misiones no está siendo favorecida por la política energética nacional. Recordó que Macri cuando estuvo en Misiones en abril había prometido que los futuros aumentos eléctricos iban a impactar solo el 50 por ciento en el NEA. “No cumplió“, enfatizó.

Recuperado de su intervención quirúrgica, Passalacqua retomó la actividad sin pausa con presencia en distintos puntos de la provincia. En cada municipio, pudo corroborar la adhesión al programa Ahora Patente, que busca recaudar 180 millones de pesos que estaban en mora. Sería un alivio sustancial para los municipios que sufren por la parálisis económica.

Por : Juan Carlos Arguello Periodista- director de Economis

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